Cura de la depresión mediante la palabra. Falso embarazo.

Esta historia la cuento a pedido del foro de Psiquiatras de Johanesburgo, con quien mantengo fuertes vínculos epistolares. Está extraída de mi libro de memorias, tomo 4.

En las guardias psiquiátricas del Hospital Braulio Torda, solía haber colegas bromistas, que usaban el humor para distender la tensión propia del trabajo con la psiquis ajena, tal nuestra tarea.

Destacaba entre estos colegas, el Dr. E. Jabulan, quien solía aparecer por las noches haciendose pasar por diferentes patologías.

Incluso se transfundía sangre para dar distintos resultados de laboratorio.

Esto sucedió una noche cerrada del frío invierno porteño.
A esa hora no habían acudido muchos pacientes psiquiátricos a la guardia, porque los que había estaban engripados, y sublimaban los síntomas en manifestaciones gripales: los esquizofrénicos levantaban fiebre con eczemas, las histéricas rezumaban mocos solamente por un orificio nasal, y el único psicópata que permanecía internado, el viejo y querido José Chascomús, gritaba que tenía alucinaciones con termómetros. Nada que un buen clínico de guardia no pudiera resolver.

Entonces la Dra. Liliana Peris, obstetra que luego años después falleciera al explotarle un útero en la cara, llegó a mi sala y dijo que tenía una paciente con embarazo psicológico

– Lic. Sacatrauma*, usted es el que tiene que resolver esto, no mande a ningún otro psiquiatra.

Así que no tuve más remedio que vestirme e ir a Obstetricia, un sector al que solo concurría para hacer contención a las parteras y parteros.

La pseudociesis o embarazo psicológico se da cuando una paciente presenta síntomas y a veces cree estar embarazada sin estarlo en absoluto. El caso más conocido en los Anales es el de Anna O. paciente de Sigmund Freud que creía estar embarazada de su psicólogo anterior. El término se introduce en 1823, y no hay una única  etiología que genere estos cuadros.

Al llegar a Obstetricia, escuché gemidos lastimeros, y vi a una parturienta dando luz a un niño, sin asistencia ninguna.

Me asombré de la grave negligencia de los enfermeros , y los reprendí severamente, primero en castellano y luego en alemán. No me hicieron caso.

De manera que me acerqué al extrañísimo cuadro, que nada parecía tener de pseudociesis sino que era hasta ese momento, un embarazo verdadero, y divisé que la cabeza del feto asomaba entre las piernas de la madre. Intenté asir al pequeño niño, cuando una bocanada de humo me sorprendió en el rostro, haciéndome expectorar; el bebé tenía un cigarrillo encendido colgando del labio.

Allí me di cuenta de todo, y tuve tentación de reírme en público, pero me contuve.

El Dr. Jabulan se había hecho injertar a sí mismo en el cuerpo de un cádaver femenino, y asomaba su cabeza en el vientre de la que hubo sido en vida una agraciada dama. Entonces, penetrando por la espalda y brotando su cabeza desde la vulva de la mujer, simulaba ser un niño que fumaba al nacer.

Fue una gran anécdota ese día.

Del Dr. Jabulan se cuenta también una historia oscura. Se dice que en plena dictadura militar argentina, él solía imitar a la perfección la voz y la postura de mando del Coronel García, interventor del Hospital Braulio Torda durante esa triste etapa del genocidio en Argentina.

A través de llamadas telefónicas simulando la voz del Coronel, Jabulan se hacía traer café por las secretarias, ordenaba comprar facturas y otras confituras para todo el personal en uan panadería cercana, y otras pequeñas e inofensivas picardías . Nunca lograban descubrirlo, y hasta los militares subalternos creían que el propio Coronel olvidaba sus órdenes.

Sucedió una tarde que Jabulán, olvidando los límites que toda chanza debe tener, ordenó mediante una llamada telefónica al sargento a cargo de un grupo de soldados, que apenas llegara el Coronel García, lo acribillaran a balazos, dado que se trataba de un “subversivo” disfrazado. Fue tal el convencimiento que impuso a su orden, que apenas descendió esa mañana el Coronel García de su Jeep para ingresar al Hospital, fue destrozado a disparos de metralla por sus propios hombres, en la creencia de que se trataba de un impostor.

Hubo una gran conmoción, y Jabulan hubiera sido descubierto, de no ser porque los investigadores militares enfocaron su pesquisa hacia la amante de García, a la que Jabulan, tiempo antes, le había prometido matrimonio haciéndose pasar por el desafortunado Interventor.

Jabulan cayó entonces un profundo pozo depresivo. Rumiaba que había roto el juramento hipocrático, que había hecho un daño irreparable, y dejó de asearse durante dos semanas.

Al cabo de estas, el psiquiatra encargado de su tratamiento me convocó en mi carácter de maestro consultor y me entrevisté con Jabulán.

Inmediatamente le quité toda la medicación y le dije

-Jabulan, dejate de joder, vos mataste a un reverendo hijo de puta.”

Fue así como al otro día, todo síntoma depresivo había desaparecido, volviendo al poco tiempo el Dr. Jabulan a su servicio médico y a sus consabidas bromas.

* El original, publicado por Edicions Columbus Creus en 2003, decía “Maestro Sacatrauma”, porque me llamaban así. Fue retirado de la Edición del Blog por pedido del Lic. Sacatrauma, por pudor.

(El texto completo puede leerse en “Sacatrauma Carlos, recetas de cocina y de psicoterapia”, publicado por Diario El Informador Nacional , Mexico, DF, 2008)


Un caso de mutismo absoluto y delirio.

Transcripción de la clase del Lic. Sacatrauma en la Universidad de Madrid, con motivo del encuentro de “Psicopatologías de la Biodiversidad”.

El texto fue mecanografiado por la Secretaria Srta. Irene Oirracó, a quien agradezco su dedicación.

“Narraré el caso de Oscar Palilópedes, joven de 21 años a quien sus padres me derivan. La consulta se realizó en su domicilio: el joven hacía 2 años que no salía de su habitación ni se movía.”

Los diagnósticos previos iban desde una psicosis , una ezquizofrenia sin base orgánica, y una angina mal curada. Los informes de los médicos actuantes eran permanentes, y habían recomendado que hiciera psicoterapia conmigo. Al conocerlo me incliné por un Trastorno delirante, a juzgar por la piel del sujeto. (El diagnóstico epidermico – psicológico no está reconocido por numerosos profesionales, pero es defendido por varios, entre ellos por el Lic. Swsartz Fachnegger, de Bologna.)

Al principio me asombró la postura del joven: de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho, y las manos extendidas a la altura de los hombros, con el dorso para abajo. Llamé a esta posición “Keops”, porque es la posición de ese faraón egipcio en su monumento funerario. Años después denominé a esta singular posición “Keopsiforme“, anoticiando a varios colegas que se repetía en casos de psicosis como la de Oscar.

Al verlo en esa posición, recurrí al artilugio de gritarle “parecés una momia”, a fin de desarticular las defensas del paciente. Me dio buen resultado, porque me contestó (recordemos que el paciente hacía dos años que no profería palabras) :

Si, soy la Momia de Titanes en el Ring.

Titanes” era un antiguo programa de lucha libre, que seguramente había influenciado la niñez del paciente. Recordé que el campeón de esos combates fálicos era un tal “Martín Karadagián”, y utilicé ese conocimiento para avanzar en la terapia de abordaje en el joven.

– Ah, vos sos la momia? – le grité soberbiamente – Yo soy Martín Karadagián.

Me observó detenidamente. Puedo asegurarles, queridos discípulos, que en ese momento cruzaron por mi cabeza numerosas imágenes, todas de ellas, afortunadamente, sabias.

Luego de un minuto que pareció durar siglos, me preguntó:

¿Y qué me vas a hacer? Rápidamente, y repitiendo las técnicas que luego plasmé en mi libro de bolsillo “Respuestas veloces en psicoterapias de alta velocidad”, le respondí y pasé a la acción:

– Te voy a cagar a trompadas porque soy el campeón.

Sin que el paciente tuviera tiempo de reaccionar, le coloqué una trompada con el puño cerrado, con mediana fuerza, en la barbilla. Un cross a la mandíbula que dio como resultado que el paciente cayera desmayado sobre un sofá que había por allí. Permaneció sin reacción unos 10 minutos. Revisado por el neurólogo Dr. Milcíades Alegor, que estaba presenciando la terapia, confirmó que el paciente estaba reaccionando luego de un knockout, y que pronto volvería a hablar.

Al recuperar la palabra hizo un relato fantasioso, que sirvió para que luego concurriera diez años a mi consultorio en la calle Pasteur de Buenos Aires, donde finalmente se recuperó.

En ese momento, señalé a los padres:

Sres, son 40.000 dólares. Su hijo quedó knockout, fuera de combate y perdió la pelea, pero está curado de su delirio de creer que es “La Momia”

La familia me agradeció, me pagó honorarios correctamente, y hasta pretendió presentarme a una prima de la familia que estaba recién separada.

Una vez más, queda demostrado que el analista, para estos casos, debe apelar a la totalidad de su bagaje cultural y boxístico, para resolver rápidamente situaciones de crisis.

(El texto completo de la serie de conferencias que el Lic. Sacatrauma brindó en Madrid en 2002 se encuentran compiladas en “De Sacatrauma at Spanien”, editorial Wiessen, Viena)


Convulsiones: psicoterapia nudista y crónica de caso.

Este post fue solicitado por el foro de lectores de mi historieta semanal “Little Tabu and Friends”, dibujada por Diego Jefferson X. El foro estaba interesado en la psiconota del tratamiento de un caso de convulsiones de origen no patológico.

El caso es el de Lucifer Galindez (su nombre verdadero), paciente de 49 años, soltero, pedicuro y golfista, que ingresó a la guardia freudiana del Hospital Braulio Torda traído por un taxista de pantalones brillantes.
El paciente, durante su tratamiento experimentará visiones de taxistas con pantalones luminosos.

Al examinar su historial clínico surge que desde los 18 años padece convulsiones epileptiformes, siempre como consecuencia de frustaciones: a los 18 años, al morírsele un siamés al que le daba bomba; a los 21 años al extraviársele un casette con chistes de Corona, y a los 37 años cuando en su Pedicuría fue atacado por vender arena dentro de envases de talco.
En todos los casos las convulsiones pasan y el paciente recupera el color natural de su piel a los pocos minutos, excepto en el caso del talco falso en el que quedó blanco y lleno de arena.

Fue examinado por los distintos servicios del Hospital, y en todos se descartó un origen o curso biológico de patología epiléptica.

Como coordinador de la Guardia Freudiana de dicho nosocomio, me entrevisté con él. Participó del dispositivo terapéutico la Lic. Gloria Ategoy, destacada paralógoga del campo Jungiano y conocida en ámbitos académicos por su apodo de “Dra. Concha”.

La primera entrevista se hizo con el paciente desnudo, quien se había ceñido los testículos con cinta adhesiva, en una crisis auto – castratoria . Para generar rapidamente el vínculo de transferencia, todos los cinco miembros del equipo freudiano – junguiano se mostraron completamente desnudos en la primer entrevista. En tan solo dos horas habíamos logrado una plena confianza y relación transferencial con el paciente, que incluso llamaba a la Lic. Ategoy por su sobrenombre.

Es altamente productiva una sesión donde todos los terapeutas y el paciente están desnudos. El de L. Galíndez y otros casos lo confirman, como lo demuestro en mi tesis de Posgrado de 1981 “Sorpresita y Sorpresota: nuevas psicoterapias nudistas”.

Ya en la tercer sesión confirmé que el paciente era un histérico, al que cualquier frustración de mediana a grande, o mucho más que extra grande o como yo las llamo “Frustaciones XL”, lo empujaba a manifestaciones convulsivas.
Aplicamos entonces terapias que colaboraban con la descarga psíquica de las pulsiones reprimidas.
Comenzamos jugando a la Rayuela Nudista, donde el paciente debe saltar desnudo, y cuando tropieza o pierde, es obligado a memorizar un poema o soneto de Góngora. La memorización era perfecta. Además de afianzar su cultura, me interesaba conocer si era posible la aparición repentina de una crisis palilálica marcada por la repetición de una palabra, silaba o frase, que indicaría otro curso de la enfermedad.

No se dieron estas repeticiones. Lo único que repetía el paciente era la lista de publicidades de servicios personales para la mujer y el hombre (rubro 59) lo que no es considerado crítico sino una simple proyección de su líbido.
Se volvió tan diestro en el manejo de direcciones de whiskerías, cotizaciones de tríos y ofertas de promociones sexuales, que por las mañanas atendía personalmente un teléfono en el Centro de Atención al Consumidor de la zona norte de Capital Federal. Esta laborterapia coadyuvó de manera significativa a su recuperación, a la que vez que le permitió tejer una nueva red socio afectiva con gran cantidad de consumidores de prostitución, muchos de los cuales estaban más locos que él.

También conseguía atención gratuita en rameras para otros pacientes ambulatorios de la Guardia Freudiana de varios hospitales. Esto sería anecdótico, de no ser porque originó un hecho pasional conocido como “La Loca del Edipo”, de amplia repercusión pública y relatado en mi monografía de similar nombre.

Tiempo después, a los seis meses de psicoterapia, a raíz de que el paciente ingresó vestido de Tribilín en el Hospital, se estudiaron sus ondas cerebrales. Los estudios encontraron que en la zona anterior del cráneo tenía un ritmo de ondas beta superior a 14 hz.
Mientras esto ocurría, mediante un estudio de sus sueños, pude determinar que el abuelo del paciente había sido radioaficionado, por lo cual la variación en sus ritmos cerebrales debía atribuirse a una permanencia en su inconciente del trauma radial de su abuelo, largo de explicar en un resumen, que resumidamente había consistido en que solamente tenía erecciones en presencia de su aparato de teleradiofonía.
Al no encontrarse patología física asociada a la medición de ondas en los polos frontales craneanos, atribuimos validez a la tesis del abuelo al que la onda corta se la volvía larga.

Luego de dos años de terapia, en que hubo una interrupción de dos semanas debido a una internación judicial del paciente por haber levitado en la calle sin autorización municipal, el sujeto fue dado de alta, y volvió a sus tareas de pedicuro y difusor de la prostitución amateur.

Estudiando los vínculos familiares, se trató de falta de representación simbólica por motivos afectivos, ocurrido según el horóscopo maya a los siete años, tres meses y cuatro días de vida del paciente, desconociéndose el hecho preciso pero pudiendo conocerse sus consecuencias por inferencia a partir de los síntomas.


Hipnosis odontológica. Mi experiencia.

Los Alumnos del curso “Tendencias hipnóticas en la Odontología”, que brindo mediante el sistema de e-learning en Minessotta, me reclaman desde hace tiempo el adelanto del tratado de la hipnosis odontólogica (Hipnodoncia, o como yo la llamo psicodentopraxis) que he creado y patentado, la “hipnosis Cartier – Lukakis” . Para ellos y mi ex asistente vienesa Margarethe Schenk , va este adelanto del texto “Hipnodoncia para salir de la crisis”, de próxima publicación..

Esta terapia solamente se puede utilizar en adultos.

En el consultorio odontólogico, la presencia del psicólogo no debe generar contaminación, por lo que recomiendo a mis discípulos concurrir aseados esa jornada

El hipnotizador se colocará entre el odontólogo y el paciente, que se encontrará recostado en el sillón, no más allá de los 45 grados de inclinación.

“…..en el primer acercamiento, se recomienda hacer una broma al paciente, a fin de romper el mutismo natural: yo generalmente utilizo dos:

1) “Qué cara de cagado en las patas que tiene Ud.”

2) “Duérmase tranquilo que mientras Ud. permanezca inconciente le fotografiaré los genitales”

Luego debe irrumpirse en una carcajada cómplice.

Se observa que en la primer broma apelamos a regresar al paciente a la etapa anal, mientras que en la segunda le hacemos patente el miedo a la castración que aparece en las intervenciones odontólogícas. Estas bromas en pocas oportunidades no surten efecto, como me sucedió en el caso de un paciente que había perdido sus testículos (Ver mi opúsculo: Alexis Wernich: Testikel psycotherapy ohne Drogen )…..”.

“Pídale al paciente que siga sus instrucciones:

Póngase cómodo y lentamente cierre sus ojos. Ciérrelos y no haga trampa de abrirlos.
Comience a respirar de manera profunda……lentamente……con la panza ……..lento…..lento…..hasta el fondo…….lento……con la panza…..hasta el fondo….”

“Sienta el aire penetrando en sus pulmones, si quiere puede abrir la boca, puede mover los dedos, puede tirarse un gas, relájese”

“Piense en una mujer bella o en un hombre bello, de acuerdo a su orientación sexual. Vealo a él o a ella, y luego vea a los dos, fornicando en su presencia, Ud. es un voyeur, vea….sienta…..sienta…..de pronto por la espalda lo sorprende a Ud. un oso traicionero…..sienta…..lento…..hasta el fondo…..”

“Ahora voy a contar hasta 145 en idioma Quechua, y Ud. se irá relajando cada vez más, relaje las piernas, luego el abdomen, trate de no despedir más gases, relaje la espalda, puede seguir pensando en el oso cariñoso si le gusta la imagen.”

“Ud. ahora está muy relajado. Quédese en esa sensación de placer y relax hasta que yo le pida que se despeje”

Algunas observaciones:

Es posible que algunos pacientes ingresen al consultorio ya hipnotizados, mediante la auto – hipnosis o a través de la actuación no profesional de un hipnotizador callejero. En estos imprevistos, previo a la hipnosis nuestra se recomienda despertarlos (en casos de hipnosis profunda ayuda masajearles las mejillas levemente), y en todos los casos señalarles de manera enérgica “En este boliche el único que hipnotiza soy yo”.

Evaluación previa del sujeto a hipnotizar

No lo considero necesario. El buen hipnotizador hipnotiza hasta un pájaro volando.
Por razones de protocolo odontólogico, el hipnotizador u odontohipnólogo entrevista al paciente una semana antes de la intervención.
Allí sugiero se lo interrogue siguiendo el cuestionario de Snicher

1) ¿Está satisfecho con someterse a la hipnosis?
2) ¿Teme que algo desagradable feo o maloliente pueda ocurrirle en el tratamiento odontológico?
3) ¿Se siente con sueño al concurrir habitualmente ?

Cualquiera que sea la respuesta, generará un diálogo con el paciente. Si responde a la pregunta dos que si, se le pedirá que amplíe, lo que le permitirá realizar una catarsis de experiencias previas, y llegar a la sesión de hipnodoncia más relajado.

En mi experiencia, visto los nada óptimos resultados alcanzados por la hipnosis tradicional en la “Cátedra de Hipnosis Odontológica” de Napoli (Ipnosi in Odontoiatria), desde 1995 acompaño esta primer entrevista con porciones de pastafrola de dulce de membrillo (el dulce de batata potencia la neurosis, Ver Haffmann – Luckos: Süßigkeitneurose der süßen Kartoffel) y café descafeinado. A veces le convido al odontólogo.

Los resultados de la entrevista prehipnótica con pastafrola son abrumadores: durante la experiencia semanal en el Hospital Odontológico Carole Piyard de Provence, Francia, se captaron 290 sujetos hipnotizados, de los cuales finalizaron el tratamiento eficazmente 270. 10 rechazaron acercarse a la sesión de hipnosis, 2 padecían demencia severa, 4 tuvieron problemas con la obra social , y los 4 restantes padecieron regresiones a vidas pasadas en mitad del tratamiento de conducto .

Para contactarse con el Lic. Carlos Sacatrauma en Viena: Wienzeile 1986, PB O.

Lecturas sugeridas:

Arturo Snicher: 1000 modelos de cuestionarios psicológicos fáciles, Tandil, 1985, Editorial Ziquiz
Haffmann – Luckos: Süßigkeitneurose der süßen Kartoffel, Vienne, 1964, Edit. Karl Lugercien
Giuseppe Fullani et Colaborattori: Ipnosi in Odontoiatria, 2003, Napoli, Edit. Palermo Di Novi
Karl Sacatrauma: Alexis Wernich – Testikel psycotherapy ohne Drogen, Berlin, 1981, Edit. Sollen Grimm.
Carlos Sacatrauma : Hipnodoncia para salir de la crisis, con prólogo de Lic. Gilda Biondi de Marrone, inédito.


Pacientes intrahospitalarios con diagnóstico presuntivo de psicosis. Abordaje novedoso.

(Por el Lic. Carlos Sacatrauma) A pedido de algunos colegas y de una voz metálica que escucho a la hora del crepúsculo, transcribo aquí algunos apuntes para el tratamiento de estos pacientes en espacios innovadores.

De manera global se observa que los ámbitos tradicionales utilizados como referentes externos del trabajo en los tratamientos y estrategias terapéuticas múltiples para el tratamiento del paciente intrahospitalario con diagnóstico presuntivo de psicosis, son diversos: reuniones de interconsultas, las de equipo, diseño de estrategias terapéuticas entre colegas, médico director, grupo interdisciplinario. Yo he innovado durante mi experiencia en el Hospital Braulio Torda de Buenos Aires, incorporando como espacio terapéutico al grupo de atorrantes de la esquina más empedrada de la zona.

Lo terapéutico de este espacio de chantas y vagos de esquina está en la posibilidad de una labor coordinadamente más alegre, menos formal, y de un posicionamiento distinto de cada uno de los co – terapeutas, de acuerdo a la posición del sol en invierno y en relación a la sombra en verano.

Se decidió junto con el equipo profesional y el dueño del Bar “La Esperanza Roja” , aplicar musicoterapia en los pacientes que pasaran por allí, como modalidad diferente de acceso al psiquismo del sujeto y la sujeta. Este abordaje mediante el discurso no verbal y el uso de la guitarrita terapéutica generó interacciones positivas dentro del equipo y los pacientes, hasta que se consensuó entre los cinco pacientes tratados y el Coordinador de la experiencia, el Lic. Beneti, la expulsión de uno de los integrantes de la terapia (un nanoterapista), al gritarle “culona” (sic) a una mujer de la Policía Federal que cuidaba la zona.

La terapia continuó desarrollándose regularmente durante todo el año, interrumpida solamente los días de lluvia y cuando alguno de los terapeutas se alcoholizaba involuntariamente. Luego de seis meses y hacia el final del año, los pacientes habían alcanzado equilibrio y cada uno continuaba con su psicoterapia individual. De los cinco pacientes, cuatro habían egresado con su grupo familiar y el restante tenía salidas junto con un acompañante terapéutico pelado.

Para las fiestas de fin de año el grupo se volvió a unir y armó un equipo de fútbol entre pacientes y terapeutas, al que, los pacientes insisterion en llamar “Los Sacachispas de Sacatrauma”, en mi honor. Tuve oportunidad de regalarles las camisetas, de color verde manzana, símbolo de la esperanza, y color que comprobé relaja las tensiones durante la competencia. Al arquero lo vestimos de negro, como corresponde a la terapia tradicional de arqueros, complementando su rol de jugador – nojugador, objeto sexuado – objeto asexuado.

Los resultados de este trabajo, que diera origen a mi conocido paper “Zehn Gründe, Wein zu nehmen” refuerzan el criterio de otros colegas y académicos que plantean la existencia de subgrupos dentro de los distintos pacientes de los Hospitales con error diagnóstico, lo que contribuye a reorientar la terapia en un sentido pre-co-re-asertivo, a la vez que se forman lindos grupos humanos y se hacen amigos.


Alucinaciones de una paciente durante la sesión.

La paciente concurre a la consulta, derivada por su astróloga.

Su nombre (alterado para la difusión) es Anna Drácalinsky, patinadora profesional del equipo nacional, de 33 años, 1, 78 de estatura, de contextura menuda y senos demasiado grandes para su cuerpo. Se presenta aliñada, vistiendo un conjunto de bremer, con polera de excesivo abrigo para la estación. Como es de cuello corto y papada grande, la parte superior de la polera se le sube hacia la boca, cubriéndosela parcialmente y obligándola a un movimiento permanente de tapar y destapar la zona de la barbilla..

Le pido que se recueste en el diván, cuestión que hace voluntariamente, mientras dice “estoy acostumbrada a que me acuesten”.

Por la primera impresión pude darme cuenta que la señora Anna posee misterios que quiere decir y que a la vez teme mencionar, de allí el movimiento que hace con el pulóver sobre su cara. La ropa desproporcionada le genera un calor físico excesivo, por lo que me hizo pensar en carencia de cariño. Es por eso que preparo mi pregunta, pero ella no me deja hablar, contándome “lo que me trae acá doctor”.

Manifiesta que desde hace dos semanas, presenta dolores en su ojo derecho, describe el dolor como “un falo que la penetra en el ojo“. Relata que una vez vio un falo en una enciclopedia y que le quedó grabada la imagen.

Le explico que falo es una construcción simbólica, no existen los falos sueltos en la naturaleza. Me replica inmediatamente que a dos cuadras de su casa, sobre la Avenida de Mayo en Buenos Aires, vive un falo que es fana de Maru Botana, la cocinera de la TV. Se hace un silencio y me menciona que “los psicólogos no me creen, pero hay muchos falos en un edificio de Parque Patricios” e inmediatamente señala la ventana que está a mi espalda y pregunta ” ¿Ese unicornio me va a decir que es tan simbólico como los falos? Eh?”.

Me sonrío ante su respuesta a manera de apoyo a la alucinación, y le pregunto qué era lo que ella creía. Me pide que me de vuelta y mire el Unicornio. Era la primer sesión y le repito que ella no me ordena, que debe responder o no las preguntas. Me dice que el dolor se le ha ido durante la charla, y nuevamente me solicita que yo observe al Unicornio que estaría a mis espaldas.

Evidentemente el dolor tenía una naturaleza histérica, y la permanente cita de falos y pedido de “que le mire el Unicornio”, tenía un claro direccionamiento hacia su genitalidad reprimida. Decido hacerle caso diciéndole que voy a dirigir la vista a la ventana, a fin de destrabar la sesión.

Al mirar vi un pequeño Unicornio de color gris, apenas más chico que un caballo Pony, que caminaba en el patio trasero.

El proceso transferencial había comenzado repentinamente y Anna Dracalinsky y yo, su terapeuta, ya compartíamos alucinaciones.

Recordé el principio de que la alucinación es un modo de respuesta del sujeto, que permite el retorno de la libido a los objetos. Con ese fundamento y pese a que yo estaba alucinando, decido continuar con la sesión y la interrogo “Es un unicornio común y corriente, qué le ve Ud.?.

Sorpresivamente me agradeció, y me señaló que ese Unicornio la seguía a todos lados hacía un tiempo, “pero a la distancia”.

Establecemos un cronograma de una sesión semanal, y le solicito que de ahora en más deje que el Unicornio se acerque a ella, que no le tema, y que cada vez que le duela la vista llame al Unicornio gritando “Aserejé aserejé”.

Mientras me paga los 4000 dólares de la sesión, me pregunta porqué lo debe convocar al Unicornio con esas palabras; le respondo que le daré la respuesta en la próxima sesión.

Anna se va y el Unicornio con ella. Ante las alucinaciones decido hacer supervisar la terapia de la paciente con otro colega, y convoco telefónicamente al Lic. Alberto J. Mastrangelo, consultor. El Profesor Mastrángelo propone estar presente en la próxima sesión solo si le permito permanecer oculto en el consultorio, disfrazado de velador, lo que acepto.

Lector, la seguimos la próxima sesión.