Cura de la depresión mediante la palabra. Falso embarazo.

Esta historia la cuento a pedido del foro de Psiquiatras de Johanesburgo, con quien mantengo fuertes vínculos epistolares. Está extraída de mi libro de memorias, tomo 4.

En las guardias psiquiátricas del Hospital Braulio Torda, solía haber colegas bromistas, que usaban el humor para distender la tensión propia del trabajo con la psiquis ajena, tal nuestra tarea.

Destacaba entre estos colegas, el Dr. E. Jabulan, quien solía aparecer por las noches haciendose pasar por diferentes patologías.

Incluso se transfundía sangre para dar distintos resultados de laboratorio.

Esto sucedió una noche cerrada del frío invierno porteño.
A esa hora no habían acudido muchos pacientes psiquiátricos a la guardia, porque los que había estaban engripados, y sublimaban los síntomas en manifestaciones gripales: los esquizofrénicos levantaban fiebre con eczemas, las histéricas rezumaban mocos solamente por un orificio nasal, y el único psicópata que permanecía internado, el viejo y querido José Chascomús, gritaba que tenía alucinaciones con termómetros. Nada que un buen clínico de guardia no pudiera resolver.

Entonces la Dra. Liliana Peris, obstetra que luego años después falleciera al explotarle un útero en la cara, llegó a mi sala y dijo que tenía una paciente con embarazo psicológico

– Lic. Sacatrauma*, usted es el que tiene que resolver esto, no mande a ningún otro psiquiatra.

Así que no tuve más remedio que vestirme e ir a Obstetricia, un sector al que solo concurría para hacer contención a las parteras y parteros.

La pseudociesis o embarazo psicológico se da cuando una paciente presenta síntomas y a veces cree estar embarazada sin estarlo en absoluto. El caso más conocido en los Anales es el de Anna O. paciente de Sigmund Freud que creía estar embarazada de su psicólogo anterior. El término se introduce en 1823, y no hay una única  etiología que genere estos cuadros.

Al llegar a Obstetricia, escuché gemidos lastimeros, y vi a una parturienta dando luz a un niño, sin asistencia ninguna.

Me asombré de la grave negligencia de los enfermeros , y los reprendí severamente, primero en castellano y luego en alemán. No me hicieron caso.

De manera que me acerqué al extrañísimo cuadro, que nada parecía tener de pseudociesis sino que era hasta ese momento, un embarazo verdadero, y divisé que la cabeza del feto asomaba entre las piernas de la madre. Intenté asir al pequeño niño, cuando una bocanada de humo me sorprendió en el rostro, haciéndome expectorar; el bebé tenía un cigarrillo encendido colgando del labio.

Allí me di cuenta de todo, y tuve tentación de reírme en público, pero me contuve.

El Dr. Jabulan se había hecho injertar a sí mismo en el cuerpo de un cádaver femenino, y asomaba su cabeza en el vientre de la que hubo sido en vida una agraciada dama. Entonces, penetrando por la espalda y brotando su cabeza desde la vulva de la mujer, simulaba ser un niño que fumaba al nacer.

Fue una gran anécdota ese día.

Del Dr. Jabulan se cuenta también una historia oscura. Se dice que en plena dictadura militar argentina, él solía imitar a la perfección la voz y la postura de mando del Coronel García, interventor del Hospital Braulio Torda durante esa triste etapa del genocidio en Argentina.

A través de llamadas telefónicas simulando la voz del Coronel, Jabulan se hacía traer café por las secretarias, ordenaba comprar facturas y otras confituras para todo el personal en uan panadería cercana, y otras pequeñas e inofensivas picardías . Nunca lograban descubrirlo, y hasta los militares subalternos creían que el propio Coronel olvidaba sus órdenes.

Sucedió una tarde que Jabulán, olvidando los límites que toda chanza debe tener, ordenó mediante una llamada telefónica al sargento a cargo de un grupo de soldados, que apenas llegara el Coronel García, lo acribillaran a balazos, dado que se trataba de un “subversivo” disfrazado. Fue tal el convencimiento que impuso a su orden, que apenas descendió esa mañana el Coronel García de su Jeep para ingresar al Hospital, fue destrozado a disparos de metralla por sus propios hombres, en la creencia de que se trataba de un impostor.

Hubo una gran conmoción, y Jabulan hubiera sido descubierto, de no ser porque los investigadores militares enfocaron su pesquisa hacia la amante de García, a la que Jabulan, tiempo antes, le había prometido matrimonio haciéndose pasar por el desafortunado Interventor.

Jabulan cayó entonces un profundo pozo depresivo. Rumiaba que había roto el juramento hipocrático, que había hecho un daño irreparable, y dejó de asearse durante dos semanas.

Al cabo de estas, el psiquiatra encargado de su tratamiento me convocó en mi carácter de maestro consultor y me entrevisté con Jabulán.

Inmediatamente le quité toda la medicación y le dije

-Jabulan, dejate de joder, vos mataste a un reverendo hijo de puta.”

Fue así como al otro día, todo síntoma depresivo había desaparecido, volviendo al poco tiempo el Dr. Jabulan a su servicio médico y a sus consabidas bromas.

* El original, publicado por Edicions Columbus Creus en 2003, decía “Maestro Sacatrauma”, porque me llamaban así. Fue retirado de la Edición del Blog por pedido del Lic. Sacatrauma, por pudor.

(El texto completo puede leerse en “Sacatrauma Carlos, recetas de cocina y de psicoterapia”, publicado por Diario El Informador Nacional , Mexico, DF, 2008)


Un caso de mutismo absoluto y delirio.

Transcripción de la clase del Lic. Sacatrauma en la Universidad de Madrid, con motivo del encuentro de “Psicopatologías de la Biodiversidad”.

El texto fue mecanografiado por la Secretaria Srta. Irene Oirracó, a quien agradezco su dedicación.

“Narraré el caso de Oscar Palilópedes, joven de 21 años a quien sus padres me derivan. La consulta se realizó en su domicilio: el joven hacía 2 años que no salía de su habitación ni se movía.”

Los diagnósticos previos iban desde una psicosis , una ezquizofrenia sin base orgánica, y una angina mal curada. Los informes de los médicos actuantes eran permanentes, y habían recomendado que hiciera psicoterapia conmigo. Al conocerlo me incliné por un Trastorno delirante, a juzgar por la piel del sujeto. (El diagnóstico epidermico – psicológico no está reconocido por numerosos profesionales, pero es defendido por varios, entre ellos por el Lic. Swsartz Fachnegger, de Bologna.)

Al principio me asombró la postura del joven: de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho, y las manos extendidas a la altura de los hombros, con el dorso para abajo. Llamé a esta posición “Keops”, porque es la posición de ese faraón egipcio en su monumento funerario. Años después denominé a esta singular posición “Keopsiforme“, anoticiando a varios colegas que se repetía en casos de psicosis como la de Oscar.

Al verlo en esa posición, recurrí al artilugio de gritarle “parecés una momia”, a fin de desarticular las defensas del paciente. Me dio buen resultado, porque me contestó (recordemos que el paciente hacía dos años que no profería palabras) :

Si, soy la Momia de Titanes en el Ring.

Titanes” era un antiguo programa de lucha libre, que seguramente había influenciado la niñez del paciente. Recordé que el campeón de esos combates fálicos era un tal “Martín Karadagián”, y utilicé ese conocimiento para avanzar en la terapia de abordaje en el joven.

– Ah, vos sos la momia? – le grité soberbiamente – Yo soy Martín Karadagián.

Me observó detenidamente. Puedo asegurarles, queridos discípulos, que en ese momento cruzaron por mi cabeza numerosas imágenes, todas de ellas, afortunadamente, sabias.

Luego de un minuto que pareció durar siglos, me preguntó:

¿Y qué me vas a hacer? Rápidamente, y repitiendo las técnicas que luego plasmé en mi libro de bolsillo “Respuestas veloces en psicoterapias de alta velocidad”, le respondí y pasé a la acción:

– Te voy a cagar a trompadas porque soy el campeón.

Sin que el paciente tuviera tiempo de reaccionar, le coloqué una trompada con el puño cerrado, con mediana fuerza, en la barbilla. Un cross a la mandíbula que dio como resultado que el paciente cayera desmayado sobre un sofá que había por allí. Permaneció sin reacción unos 10 minutos. Revisado por el neurólogo Dr. Milcíades Alegor, que estaba presenciando la terapia, confirmó que el paciente estaba reaccionando luego de un knockout, y que pronto volvería a hablar.

Al recuperar la palabra hizo un relato fantasioso, que sirvió para que luego concurriera diez años a mi consultorio en la calle Pasteur de Buenos Aires, donde finalmente se recuperó.

En ese momento, señalé a los padres:

Sres, son 40.000 dólares. Su hijo quedó knockout, fuera de combate y perdió la pelea, pero está curado de su delirio de creer que es “La Momia”

La familia me agradeció, me pagó honorarios correctamente, y hasta pretendió presentarme a una prima de la familia que estaba recién separada.

Una vez más, queda demostrado que el analista, para estos casos, debe apelar a la totalidad de su bagaje cultural y boxístico, para resolver rápidamente situaciones de crisis.

(El texto completo de la serie de conferencias que el Lic. Sacatrauma brindó en Madrid en 2002 se encuentran compiladas en “De Sacatrauma at Spanien”, editorial Wiessen, Viena)